Serie: Resonancias del Caribe
Dalia Monroy construye sobre una cierta geometrización donde la línea no habla sobre lo frío o lo racional, sino de lo sensual. Cada obra suya guarda un velo de abstracción y figuración, donde los espacios se definen por el color y donde, las formas con un ritmo constante y continuo, sugieren algún erotismo de la danza, manteniendo al espectador a la espera del próximo movimiento. Elemento fundamental de su estética es el manejo del color, pues con él define decididamente la sensualidad, como expresión personal; construye una poética que se identifica con las raíces latinoamericanas. De allí emerge esa paleta viva y rica en su alegría al extenderse en los planos. Su color recuerda la dulzura, lo mágico y lo autóctono de esta América que sueña. Cada obra contiene una secuencia, tal vez un gesto detenido en el tiempo que trasciende aquella danza, para penetrar en los espacios del alma y del amor.
Miguel Ángel Granados Troconis