Serie: Resonancias del Caribe

Dueña de una composición muy personal, Dalia Monroy en sus pinturas, plantea una perspectiva multifocal donde se pasean los elementos en escenas que sugieren el espíritu afrocaribe, el hecho orquestal y la danza. Composición que se alegra en la libertad para recrear eres cargados de un buen logrado barroquismo propio del sincretismo latinoamericano: desbordando los volúmenes sugiriendo la movilidad y la alegría tanto en las formas como en el uso del color, en su fiesta de tonos y matices.

Diríase de esta obra una delicada reconstrucción de los planos, un recorrido por las tesituras del color.

Baile, instrumentos, músicos y alma popular ocupan el espacio, yuxtaponiéndose en una imagen abigarrada donde lo lineal llena y construye las imágenes de conjunción con los planos cromáticos: traduciendo visualmente la complejidad de lo festivo, haciendo planos y recorridos que se combinan tal como la alegría de los cuerpos, la calidad de los instrumentos y las voces de la gente y del canto que celebran la vida.

En su trabajo escultórico, nos regala con sutilidad una referencia de lo totémico, la noción de objetos provenientes de antiguos rituales trabajados para resaltar la elegancia de las formas y la nobleza de los materiales, conteniendo simbologías ancestrales. Lo mágico expresa con la sensualidad de las diversas texturas y acabados, y en la permanente presencia de lo circular o de lo curvo como recuerdo de la fertilidad y también de lo astral.

Sí, es evidente en Dalia Monroy su valentía en la forma en que aborda con seguridad el espacio, esa valentía se convierta en pasión en su expresión del color.

Ese reto permanente para el hacedor de imágenes, en ella se vuelve alegría que se desplaza con libertad y calidez. Nos da con su propuesta, la comprobación de las herencias que palpitan en este ritmo cálido que es el vivir; la capacidad de sugerencia donde unos distinguen vitrales, otros animales salvajes o espacios para contener la realidad, elocuencia sobre todo.

Escultura y pintura guardan en su seno las cadencias del caribe y también de lo profundo de su espiritualidad.

María Elena Díaz
Venezuela