En Dalia Monroy la abstracción adquiere sentido mediante la ausencia inteligente de formalidad, determinando luces y sombras, inventando colores que agobian lo anecdótico para convertirlo en asunto trascendente. Aquello que  Kandisnsky pregonaba como ruptura total con lo formalista y banalidad: reinventar lenguajes liberadores de discursos sin límite, transfigurar pretéritos perfectos en presentes indicativos capaces de atrapar nuestra conciencia.

Héctor Azar