La pintura de Dalia Monroy se ha ido afinando y haciendo más clara la intención, más contundente, obedeciendo a un proceso profundo de síntesis donde los elementos formales se van hermanando con mayor intensidad a la poesía que puebla cada momento de su obra; así podemos ver que el color va de cuadro en cuadro intensificándose, enriqueciéndose, solo tal vez con el afán de que su mensaje nos impacte más agudamente.

No quiero dar la impresión de que hable de alguien incipiente, estoy refiriéndome a una pintora dueña de un maduro oficio y de un discurso seguro y meditado, pero sobre todo capaz de hablar nos desde su propia proposición ; desde luego ajena a modas  y falsas vanguardias, estamos frente a una artista que ha asumido su compromiso plenamente y que  está en posesión de su oficio, el hecho de que siga evolucionando y cambiando, nos habla de su serio afán de hacer algo vivo, fuera de todo canon, pero dentro de lo más importante una pintura personal, que diga nuestro tiempo, que diga nuestro mundo.

Gilberto Acevés Navarro
1990