Dalia Monroy
En esta exposición individual, Dalia Monroy evidencia ya claros indicios de la empresa riesgosa que se propone emprender; la revitalización de un lenguaje que, acaso por baldía reiteración, se llegó a creer en cierto momento agotado. Con ello responde, desde su personal perspectiva, a una común actitud de su generación con respecto al cumulo de experiencias aceleradamente descubiertas, asumidas y abandonadas en un pasado no demasiado lejano. En su caso se trata de retomar el impulso de un arte fundado en la importancia conferida a la materia como médium, o sea, como medio expresivo, para llevarlo hacia una nueva dinámica espacial, demistificadora del universo “ordenado” que nos rodea y del que a menudo desearíamos sentirnos liberados.
Emparentada con el expresionismo abstracto por cierto automatismo gestual y por la ausencia de aspectos icónicos descriptibles, la pintura de Dalia Monroy no desdeña empero la voluntad compositiva espacial ni cae en la disolución absoluta de la forma. En este sentido, es notoria su intención encaminada a la instauración de atmósferas cromáticas que, deliberada o impensadamente, se ajustan a ciertas determinaciones entre timbres y acentos, entre espacios y dimensiones.
Hemos dicho que se trata de una pintura preferentemente planteada sobre la revaloración de la materia. Ciertamente, hay en Dalia Monroy una clara complacencia por las estratificaciones, los esgrafiados, el collage, y hasta por el inopinado y sutil remiendo que interrumpe la atormentada superficie de sus telas confiriéndoles una rica modulación cromática. De tal suerte, distanciándose del informalismo académico y aproximándose a Antoni Tapies y a Alberto Burri, la artista mexicana logra significas la naturaleza a través de sus mismos materiales, y no mediante la imitación ilustrativa de sus aspectos más intrínsecos.
La obra de Dalia Monroy ha madurado lentamente y su manifestación pública ha sido más bien escasa. Quizá por ello mismo conserva la frescura y la autenticidad del creador genuino, impetuoso, casi agresivo, no contaminado aún por el favor der los críticos ni por la manipulación de los mercaderes del arte. Condiciones éstas que, aunadas a su pujante talento, obligan a reconocerla como una artista de trayectoria personalísima, obstinadamente dispuesta a no reducir sus indagaciones estéticas a simples formulas acomodaticias.
Francisco Fernández
México, 1981