Serie: Fragmentos y raíces

Las pinturas de Dalia Monroy son vitrales de la postmodernidad. Como las maravillosas transparencias de Chartres, podrían carecer de firma. Las constelaciones de color de Dalia Monroy son, como aquellas, símbolos de un mundo al que de un solo movimiento, reflejan y trascienden. El nombre no cuenta, es decir, importa su ausencia, la manera de llamar la atención sobre la obra de arte como parte inseparable del mundo, su ventana su junta de sombras. Dalia Monroy, no puede sin embargo, ser tan transparente como los anónimos artesanos de Chartres. Por más limpidez que le quiera dar a sus colores, hay en ellos tierra y gasolina, polución y plomo, y pavimento y ácido. Me conmueve la desesperada pasión con que la artista renuncia a si misma a fin de que toda esta opacidad logre, de todos modos ser traspasada por la luz. La cuota de luz, diría a la que todos tenemos derecho. Dalia Monroy nos entrega esa parcela de cielo posible, con alegría, con agonía, con manos llenas de colores.

Museo del Chopo
Septiembre 1993